Cada vez más versiones de canciones que nos gustan son simples montajes de IA, muestra de lo que se nos avecina

Cuando mi padre supo la verdad, quedó desolado. Totalmente hundido. Como si su último refugio, el que creía inconquistable, hubiese sido saqueado. Aquel cantante de blues al que llevaba un mes escuchando cada noche en YouTube para desconectar no era real, sino una diabólica creación de la inteligencia artificial (IA). “Entonces... ¿Qué va a pasar ahora?“, suspiró en su sillón. ...

Lo cierto es que tardamos unos 20 minutos en descubrir que era un invent. El vídeo no advertía de que era falso, y la mayoría de los comentarios valoraban la canción como si fuese la de una nueva estrella del género. Rastreamos la Red hasta que encontramos al autor del engaño, un ingeniero. Las canciones, sin embargo, eran un éxito, con millones de reproducciones; maravillosas, pero creadas al final por un superprograma informático y no por un músico del delta del Misisipi. Yo conocí este tipo de contenidos creados por IA unos meses antes de darle la fatídica noticia a mi padre, gracias a un colega que me pasó un perfil de YouTube con el ingenioso nombre de Radio Mandanga. Es una cuenta dedicada a versionar digitalmente canciones de artistas conocidos con estilos diferentes. Sí, acojonante.