Las ausencias de Sabalenka y Swiatek, unidas a otras 14 renuncias a competir, subrayan la congestión y la disposición cada vez más selectiva de las figuras

Cuando todavía no se había cerrado la temporada pasada, Iga Swiatek lanzaba una advertencia que hoy, rápidamente y visto lo visto estos días en torno al WTA 1000 de Dubái, se traduce en una realidad. Decía la polaca, ganadora de seis grandes y número uno durante 125 semanas: “La transición entre grandes torneos es muy corta y mi cuerpo me dice que pare. No voy a prestar atención a cuáles son obligatorios o con cuáles corro el riesgo de perder posiciones en el ranking. Organizaré mi 2026 como mejor me parezca”. Y lo aplica temprano, desde mediados de febrero, cuando el curso apenas ha arrancado una hoja del calendario y éste, otra vez, vuelve a levantar la interminable polvareda.

Después de caer en los cuartos de Doha, la cita previa y también 1000, Swiatek confirmó que no jugaría en Dubái. A la renuncia de la dos del mundo se añadió la de la uno, Aryna Sabalenka, y al compás fueron anunciándose más y más bajas hasta derivar la situación en la anomalía: entre renuncias y abandonos, el torneo ha perdido a 24 de las 43 jugadoras que conformaron al cuadro. En concreto, de antemano han descartado competir hasta 16 —entre ellas, tenistas de relieve como Naomi Osaka, Madison Keys o Karolina Muchova—, cuatro han tenido que despedirse sobre la marcha —por indisposición o lesiones, como Paula Badosa— y tres han causado baja antes de saltar a la pista.