Tras un ingenioso comienzo, la serie que recupera el espíritu ‘chanante’ decae hasta conformarse con que sus capítulos sean chistes alargados hasta la extenuación

El primer episodio de Rafaela y su loco mundo (Atresplayer) es sorprendente.

sa-ni-trabajo-fijo.html" data-link-track-dtm="">Ingrid García-Jonsson, Carlos Areces, Joaquín Reyes y Aníbal Gómez (también creador de la serie y autor de la novela en la que se basa), con unos atuendos indescriptibles y absurdamente caracterizados para representar adolescentes con personalidades más absurdas todavía, interpretan a cuatro amigas que tendrán que viajar al pasado para curar el insomnio (“insoknio”) de una de ellas. Como descubren que el origen de su mal está en el trauma de su madre al enterarse del intento de golpe de Estado de 1981, tendrán que conseguir que no sea consciente del histórico acontecimiento. Pero claro, eso tendrá consecuencias.

El comienzo de Rafaela y su loco mundo es fresco, descarado, muy autorreferencial, sabe jugar con la voz en off… Funciona muy bien y es muy divertido. Sin embargo, según van pasando los ocho episodios que componen la temporada —todos ellos dirigidos por Ernesto Sevilla—, esa fuerza inicial va perdiéndose, como si la serie se volviera más vaga y activara el piloto automático. Tiene momentos hilarantes y algún capítulo divertido, pero aquel punch del comienzo ya no vuelve a estar presente.