El Levante sucumbe en la segunda mitad después de un gran disparo de Ramazani y un discutido tanto de Sadiq (0-2)

El golazo de Largie Ramazani, una flor en mitad del desierto en el que se convirtió el derbi, y la sentencia de Umar Sadiq al final del partido, le dieron un respiro al Valencia. El equipo de Carlos Corberán triunfa en casa del Levante (0-2) y consigue así subir cuatro puestos en la clasificación después de haber empezado el partido contra el Levante en puestos de descenso, donde se queda el conjunto de Luís Castro, muy disgustado con las decisiones del árbitro.

La primera parte fue un despropósito, pero también 45 minutos acordes al estado actual de los vecinos. Dos equipos con pánico y urgencias, con el revólver del descenso apretando contra la sien. El Levante salió algo más atrevido, con la intención, al menos, de tener el balón, aunque luego no supiera muy bien qué hacer con él. Lo más destacable fue un cabezazo de Iván Romero que ni siquiera valió porque el árbitro lo invalidó por fuera de juego. No hubo más ocasiones.

Un trozo tedioso para un partido con más previa que crónica. El Levante dominaba el balón pero sucumbía en los metros donde los equipos se hacen grandes o chicos. El territorio donde brillan las estrellas o donde los conjuntos se vuelven ramplones. Ahí gobiernan el ingenio y la técnica, que desertaron del Ciutat de Valencia. El Levante y el Valencia convertían el derbi en una cita con más literatura que fútbol, una excusa para rescatar las viejas rencillas entre ambos o para que la hinchada granota urdiera su venganza contra Pepelu, considerado un tránsfuga del fútbol por cambiar el Ciutat de Valencia por Mestalla. Imperdonable. Una decisión que le costó que el campo entero le cantara “Pepelu es una rata” y que le pitara cada vez que tocaba el balón.