El muniqués, premio MDF Award 2026, une artesanía e industria en sus creaciones radicales, funcionales y bellas
La silla Medici que Konstantin Grcic diseñó para la casa Mattiazzi en 2012, además de un inusual modelo bajo y reclinado, es para él una máquina del tiempo: tiene la capacidad de transportarle desde la cima del diseño industrial, coronada por premios y distinciones internacionales, hasta sus veinte años, cuando comenzó su aprendizaje como ebanista en la John Makepeace School for Craftsmen in Wood, en Dorset (Reino Unido), en 1985. “Allí descubrí el diseño como motor de creatividad”, explica en conversación con ICON este muniqués de 60 años. Cocinero antes que fraile, aprendió el arte de la artesanía en una época en la que los ordenadores estaban aún reservados para otros menesteres, y comprendió con las manos un oficio que más tarde lo llevaría a cruzar fronteras con nuevos materiales y una filosofía radicalmente funcionalista que, sin embargo, deslumbra por su belleza.
Tras su aprendizaje como ebanista, completó sus estudios de diseño industrial en el Royal College of Art de Londres, una doble formación —artesanía e industria— que le ha permitido andar y desandar una y otra vez el camino entre el artesano y el diseñador para definir el estilo de unas creaciones cuya complejidad sencilla contiene la síntesis de ambas disciplinas. Una obsesión por ir a la esencia que, dice, se remonta a la infancia: “Cuando era niño me gustaba desmontar objetos para ver cómo estaban hechos y los volvía a montar, a veces de forma diferente”.







