Tristemente, las palabras andan alimentando la furia de estos tiempos
Sanchista, en el lenguaje ordinario que maneja hoy con desparpajo la derecha, es toda aquella persona que no desprecia a Pedro Sánchez. Sanchista es todo aquel que no le insulta, Sanchista es quien no utiliza la palabra criminal o corrupto o mentiroso para describirlo, Sanchista es aquel ser humano que no encuentra paralelismo posible entre Sánchez y Trump, porque para el Antisanchista de pata negra, si Trump es un canalla, no lo es porque ande deteniendo y expulsando a los hispanos, no lo es por su constante amenaza con invadir países soberanos, no lo es por su narcisismo autoritario, no por sus venganzas arancelarias ni por su demolición de la política climática, si Trump es un canalla es porque se parece a Sánchez. Putos amos los dos. Si usted desea obedecer el manual del perfecto Antisanchista debe asumir que el actual presidente encarna el Mal Absoluto, y siendo esto así no son suficientes las críticas a su gestión o el reproche a su falta de autocrítica, ni tan siquiera basta con no votarle, llegados a este punto si usted quiere demostrarle a la galería que no es un despreciable Sanchista ha de rubricar los consabidos hijo de puta con un anhelo innegociable: Sánchez ha de acabar en el banquillo.






