Desconfío o tengo poco que hablar con gente que introduce continuamente en su enfático lenguaje las palabras relato, tóxico, el término anglosajón lawfare. Mañana utilizarán otras que imponga la moda. También me agotan tantos seres perfectamente instalados de la política, con empleo a perpetuidad, si no se lo montan fatal, que asegu...

ran perder el sueño pensando todo el rato en los vulnerables.

También manifiestan últimamente su preocupación absoluta ante la salud mental del personal. Creo que se refieren frecuentemente a los pobres suicidas, a los desesperados que ya no tienen fuerzas ni ganas para seguir soportando la desdicha. Ojalá que la psicología y la psiquiatría les ayuden, le devuelvan a los que quieran matarse las ganas de seguir por aquí, pero dudo de la eficacia. Aquellas personas que tienen claro lo de largarse definitivamente de aquí, lo hacen. No fracasan en repetidos intentos que son invocaciones a la compasión de los demás. Es trágico. Pero que descansen en paz. Y que las leyes les puedan facilitar ese trámite atroz. Hay que ser muy miserable para llamarles cobardes o para negar la eutanasia a los que sufren lo inimaginable con sus enfermedades letales.

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