Es razonable preguntarse si una clase política que se pasa el día en X está conectada con la realidad

Es un viejo juego infantil, una chorrada para los minutos sueltos antes del final del recreo. “Eche, eche, eche”, dice el crío a sus amigos. “¿Qué beben las vacas?”. Las vacas, naturalmente, beben agua, pero siempre hay alguien que, con la tendencia natural del lenguaje a la rima, acaba respondiendo “leche”. Lo lógico sería disociar la primera frase de la segunda, y es lo que hacemos cuando nos sabemos el truco.

Es por eso por lo que desconfío de todos aquellos que recurren a X para enterarse de lo que pasa en España y en el mundo e insisten en que el viraje ideológico de la plataforma —cortesía de su propietario Elon Musk— no afecta a su percepción de la realidad. Hay sobradas evidencias de que el “Para ti”, el chorro de tuits, no está pensado para “ti”, el usuario, sino para los intereses de la plataforma desde antes incluso de que Musk apareciese por la sede de la entonces Twitter con un lavabo en las manos. Sin embargo, lo que ha hecho Musk es virar los intereses de la plataforma hacia sus propios intereses. Y estos incluyen, entre otros, promover teorías tránsfobas, racistas y supremacistas como la del Gran Reemplazo, y promover a Donald Trump, del que recibió —recordemos— poderes de ministro.