Lepas, Exlantix, Zeekr, Geely, Changan o la línea prémium de BYD, llamada Denza, son algunas de las marcas que se empezarán a comercializar este año en el mercado nacional
España goza, al contrario que otros muchos países, de un mercado automovilístico nacional hipercompetitivo en el que la marca más comercializada, Toyota, cuenta con una cuota de ventas inferior al 10%. En los últimos años, la presión en el mercado ha crecido por la irrupción de firmas chinas que han ido ganando peso paulatinamente a costa de los fabricantes de vehículos tradicionales. Si bien el desembarco se ha producido en toda Europa, el caso español es especial: aquí la cuota de mercado de las marcas del gigante asiático, con una de cada diez matriculaciones en 2025, es aproximadamente el doble que en la media de la UE, según datos de Ganvam, la patronal nacional que engloba a vendedores y reparadores.
“El cliente español es muy sensible al precio, no es especialmente fiel a ninguna marca en especial y no tiene tantos prejuicios sobre un automóvil chino como un comprador francés o alemán, mucho más fiel a las marcas de su país”, explica a este medio Jaime Barea, presidente de Ganvam. Esto ha permitido que el año pasado un total de 26 nuevas marcas chinas —dentro de este grupo se incluye a Ebro, una joint venture en la que mayor parte del capital es español, pero que depende de la tecnología y las plataformas de producción de la china Chery— matriculasen al menos un vehículo en España, sin contar a las tradicionales Volvo y Smart controladas por Geely. De cara a este año, el número crecerá por encima de las 30 marcas chinas en el país gracias a una nueva oleada de fabricantes.






