Los diputados laboristas esperan una debacle electoral que precipitará la guerra interna

Keir Starmer ha llegado este miércoles a la sesión de control del Parlamento (Prime Minister’s Questions, o Preguntas al Primer Ministro) con las garras afiladas. A los conservadores les ha recordado las fechorías de Boris Johnson; a los liberales demócratas, su complicidad con la austeridad impuesta por el Gobierno de David Cameron; a los nacionalistas escoceses del SNP, los casos de corrupción de su anterior dirección. Bien aleccionados, los diputados laboristas jaleaban y aplaudían a su líder. El objetivo inmediato era frenar las consecuencias del escándalo Mandelson-Epstein, que ha estado a punto de acabar con el breve mandato del jefe de Gobierno británico.

La Sociedad Fabiana tuvo en sus inicios como escudo de armas un lobo camuflado bajo una piel de cordero. Intelectuales británicos de izquierdas contribuyeron a impulsar a finales del siglo XIX un movimiento que defendía el uso inteligente y pacífico del sindicalismo y el poder municipal para lograr avances sociales, frente a la revolución o el caos. El general romano Quinto Fabio Máximo, que dio nombre a la sociedad, esperó paciente un descuido del cartaginés Aníbal para atacar con éxito (las llamadas “tácticas fabianas”). “Llegado el momento, hay que golpear duro, como Fabio, o la espera habrá sido en vano”, rezaba el panfleto inaugural de los fabianos, que contribuyeron en 1900 a fundar el Partido Laborista del Reino Unido.