Apenas un mes antes de su arrolladora victoria electoral, hace ahora casi un año, un votante laborista que participaba en un encuentro con Keir Starmer le confesó que lo veía como a un robot político, incapaz de expresar emociones. Al candidato, por unos segundos, se le cruzaron los cables y soltó una sonrisa nerviosa, antes de dar una respuesta elaborada. Más de cien diputados de la izquierda británica han anunciado su intención de rebelarse la semana que viene contra los recortes sociales propuestos por el actual Gobierno, en la demostración más rotunda hasta la fecha de que el primer ministro británico no genera entusiasmo ni entre los suyos.
Aunque muchos de ellos son capaces de apreciar las buenas intenciones detrás de una reforma que pretende rescatar de su declive al actual estado del bienestar del Reino Unido, no entienden la falta de sensibilidad y de mano izquierda con unos votantes desesperados de algunas de las medidas propuestas. Si Starmer no logra sofocar la rebelión se enfrentará a su mayor crisis interna desde que puso un pie en Downing Street.
“Creo que hay elementos en estas propuestas del Gobierno de reforma del estado del bienestar que son genuinamente buenos y progresistas”, ha resumido el diputado laborista Josh Fenton-Glynn, que forma parte de los rebeldes, el sentir general de este grupo. “Pero los cambios propuestos supondrían en estos momentos que alguien incapaz de ponerse sus propios pantalones, o que necesita ayuda para ducharse o no puede ir al cuarto de baño sin supervisión sea considerado apto para trabajar. Esto no es ‘el cambio necesario”, remata Fenton-Glynn, al referirse a la promesa de cambio que impulsó al Partido Laborista a la victoria.








