En la comunidad se desarrollan varios trabajos en simultáneo que han afectado la movilidad en zonas del área urbana y del extrarradio

Madrid es tierra de obras desde hace varios meses. La Comunidad y el Ayuntamiento realizan proyectos en simultáneo que han generado malestar entre los vecinos. En el extrarradio, la construcción del tercer carril en la M-607, entre Tres Cantos y Colmenar Viejo, ha causado jornadas de caos en la movilidad entre la sierra y la capital. “Todos los días son un infierno”, dice con frustración Álex Gañán, un vecino de Manzanares el Real que, antes de las obras, tardaba unos 45 minutos para llegar a Plaza de Castilla. Ahora, el mismo trayecto en coche le supone al menos dos horas. Mientras, en el área urbana continúan trabajos como la cubrición de M-30 en Ventas, la construcción del intercambiador en Conde de Casal, el proyecto Parque Castellana y el soterramiento de la A-5, la mayoría con fecha de entrega proyectada para 2027, que es año electoral.

Álex Gañán, vecino de Manzanares el Real, tiene 49 años y ha hecho el mismo trayecto todos los días desde hace tres décadas. El tiempo no variaba, tardaba unos 45 minutos en coche y una hora en bus para llegar desde la sierra madrileña hasta la capital. Pero todo cambió cuando comenzó la construcción del tercer carril en la M-607, entre los municipios de Tres Cantos y Colmenar Viejo. Las críticas se centran en la organización de la obra. Gañán se queja de cortes en la carretera en horas punta, lo que provoca que centenares de coches se agolpen todos los días y que los tiempos de viaje aumenten considerablemente. “Todos los días son un infierno”, dice. Ese infierno también lo vive a diario Emma, su hija, que tarda cuatro horas para llegar a la universidad en Somosaguas desde Manzanares el Real. Ella cuenta que su cruzada comienza en el cercanías ―con retrasos frecuentes―, sigue en el metro y continúa en el bus. Tras terminar las clases, repite el trayecto. “Yo era consciente de que iba a tardar hora y media, pero cuatro horas no lo tenía previsto”, anota Emma, quien pasa a diario ocho horas en el transporte público.