Un drama puede ocultar un problema. Ocurre en San Fernando de Henares, un municipio de 40.000 habitantes de la Comunidad de Madrid. Allí, 73 viviendas han sido derribadas porque la llegada del metro al municipio, en 2007, cambió la composición del subsuelo e hizo que perdieran pie, llenándolas de grietas como a las otras 260 que ahora están bajo vigilancia. Eso son cientos de vidas rotas. Recuerdos perdidos entre los escombros. Proyectos de vida que han saltado hechos añicos. Un drama que, a veces, tapa un problema: se acaban de cumplir tres años sin que el metro circule por la ciudad. Son 36 meses en los que sus 40.000 habitantes han quedado huérfanos de la conexión del suburbano con Coslada y Madrid capital. Más de 1.000 días de obras de reparación con sus tres estaciones cerradas, a las que se une la clausura de otras tres en Coslada desde el verano pasado, para un total de seis. Peor: el gobierno regional no se compromete con ninguna fecha de reapertura, y hay ya quien teme que este tramo de la línea 7B, que impulsó Esperanza Aguirre, nunca volverá a ser utilizado.

“Son tres años que han provocado no solo un trauma en la población de San Fernando de Henares, sino también una desconexión total con el centro de Madrid, un aislamiento injusto que no es un accidente: es el resultado de una mala gestión”, afea el presidente de la Asociación de Afectados Rafael Alberti-Presa, Juan Fuentes. “Esta desconexión no se limita únicamente a la capital: también ha roto la conexión con otros barrios y con puntos clave dentro del propio municipio”, añade, pues son tres las paradas clausuradas.