En vísperas del 14 de febrero, resurge la reflexión sobre el significado de una celebración entre lo comercial y lo romántico, en un contexto de cambio profundo en la forma de relacionarnos y cuando el concepto del amor es cada vez más diverso
El Día de San Valentín cuenta con tantos detractores como entusiastas seguidores, en un momento de profundos cambios en las relaciones personales, con un abanico cada día más amplio de formas de amar y la fuerte presión comercial y publicitaria que acompaña cada 14 de febrero.
Dos escritores y periodistas analizan la vigencia de esta festividad. Sergio C. Fanjul considera que el amor de verdad exige trabajar las relaciones y mancharse las manos, algo que tiene poco que ver con esa imagen edulcorada que nos vende el amor romántico. Para Raquel Peláez, precisamente en tiempos de amor líquido dedicar 24 horas a celebrar el amor, igual que se celebra el Día del Queso o de las Fuerzas Armadas, permite reforzar el vínculo de las relaciones personales.
Algún día la ternura moverá el mundo”, decía un viejo eslogan del perfume Anaïs Anaïs, de Cacharel. Siempre lo recibí con emoción y esperanza. Quizás fuera así, y los publicistas acertaban donde fallaron tantos pensadores utópicos. Pasado el tiempo, todo indica que en Cacharel hacen bien en centrarse en las fragancias y no en las predicciones, porque lo que mueve cada vez más el mundo es el odio. Por eso hay que tomarse el amor en serio.















