Algunos imaginamos un país en que socialistas y populares puedan aliarse contra el odio. Hasta Bad Bunny proclama la superioridad del amor

Hay amores imposibles, los hay posibles y hay relaciones que aprenden a funcionar a partir de un territorio común, aunque no suenen los violines de fondo ni se ponga vela alguna para cenar. Ya que es el día de San Valentín, hablemos de amor y soñemos por un momento con una particular historia, si no de pasión, sí por lo menos de unión para frenar el odio, el enfrentamiento, la incapacidad de convivir. Los novios no nos lo van a poner fácil, está claro, pero quedará dicho.

Algunos imaginamos un país en el que el PSOE pueda abstenerse en Extremadura para que el PP gobierne sin Vox. En ese país, claro, el PP cierra la puerta a la ultraderecha, la xenofobia, la homofobia y tantas fobias que se han vuelto lo más pop. Como prueba, promete no volver a prohibir a Buzz Lightyear.

En ese país, por supuesto, un ministro del PSOE (López) no culpa a un presidente fallecido (Lambán) del desastre electoral de su compañera candidata (Alegría). Ni el PP arropa a un alcalde acusado de acoso sexual, sino a la víctima. Ni concede medallas al país de Trump. Sé que esto se está pareciendo a una carta a los Reyes Magos a destiempo, a una versión nueva de ese Mr. Scrooge que, al ver las desgracias que se le avecinan, decide cambiar, pero no soy una ilusa, o no del todo: en el Parlamento andaluz hemos contemplado esta semana la mano tendida entre un PP y un PSOE respetuosos. Lo llamaremos el milagro de San Valentín.