La moneda europea digital aspira a evitar dependencia de empresas extranjeras
La digitalización de la economía comporta ventajas pero también importantes riesgos. Hasta fechas recientes, ciudadanos y empresas han contado con un sistema de pagos público y gratuito, mediante el uso de efectivo (billetes y monedas), que en la zona euro ha garantizado el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales....
La digitalización está produciendo una creciente privatización de los sistemas de pagos y, en consecuencia, un serio riesgo de la pérdida de la gratuidad de un servicio accesible para todos.
Los cambios son acelerados. En España en 2024 los consumidores efectuaron casi tres veces más pagos online que en 2019. Un 51% de estas operaciones se realizaron con tarjeta y un 26% mediante otros medios electrónicos, según el Banco de España.
Este proceso de digitalización implica varios desafíos: uno, sustitución de un medio de pago público y gratuito por instrumentos privados con costes y sus propios intereses; dos, pérdida de soberanía monetaria europea (las tarjetas principalmente Visa y Master Card y otros instrumentos de pago como Apple Pay y Google Pay, pertenecen a matrices estadounidenses, que pueden dejar de prestar el servicio) y tres, pérdida de competitividad por el elevado coste de las comisiones en los pagos por tarjetas. De entrada, para el euro digital solo se han preseleccionado compañías de la UE.









