El Banco Central Europeo asegura que las entidades podrán rentabilizar la divisa digital ofreciendo casos de uso de valor añadido, como pagos programables, pero la industria recela de los costes
El euro digital promete dar un salto tecnológico para Europa, pero también se ha convertido en un campo de batalla entre la industria bancaria y el Banco Central Europeo (BCE). El conflicto se concentra en dos frentes: los costes de implantar la nueva moneda digital y el posible solapamiento con soluciones privadas ya...
consolidadas, como Bizum. Mientras los bancos alertan de que se trata de un proyecto costoso, difícil de rentabilizar y que no aporta valor respecto a las soluciones que ya existen, el BCE defiende que el euro digital es un bien público necesario para adaptar el dinero a la realidad digital y lograr la soberanía europea en los pagos.
El primer punto de fricción está en la factura del proyecto. El BCE estima que la implantación del euro digital podría costar entre 4.000 y 5.800 millones de euros, parte de los cuales recaerán sobre las entidades financieras. Otros informes sugieren que esa factura será incluso superior. Los bancos deberán financiar la adaptación tecnológica, integrar el sistema en sus aplicaciones, reforzar los procesos de control, habilitar la operativa en cajeros y canales digitales y asumir el soporte y la atención al cliente.







