El senegalés tiene 17 años en su pasaporte y 18 o más según las polémicas pruebas óseas

El caso de Mame, un muchacho senegalés que vive en Asturias, ilustra el limbo en el que pueden quedar muchos migrantes que están entre la minoría y la mayoría de edad según qué papel lo diga. Ese limbo es más bien un purgatorio que trae de cabeza al chico y a toda la red de solidaridad que ha ido generando en su periplo por España, unas veces acogido en centros y otras durmiendo en la calle. Con esa complicada adolescencia y juventud alcanzarán la vida adulta miles de muchachos migrantes que arriban a las costas españolas sin identificación. Mame llegó hace dos años en un cayuco a Canarias y tras recalar en Extremadura y Cataluña, hoy duerme hospedado por un amigo en Luarca (Asturias). Los a...

bogados luchan por que el pasaporte que consiguió en este tiempo, donde se declaran sus 17 años, le dé acceso a la tutela de la comunidad asturiana. Si no lo lograra, tampoco podrá solicitar la regularización anunciada por el Gobierno para más de medio millón de migrantes, porque para eso se necesita ser mayor de edad o bien tener padres en España que lo soliciten por él. Ahora, Mame no tiene ni una cosa ni la otra.