Conozco a demasiadas personas estupendas atrapadas en esa mutilación existencial que es el miedo a estar solas
Hace dos o tres noches colgué en mis redes una pequeña reflexión algo tontorrona. Dije que, cuando me preguntaban si vivía sola, contestaba que sí, pero que me había dado cuenta de que en realidad no era así, porque vivía con mi perra. Y es cierto: alguien te recibe al volver a casa, tienes que preocuparte de las necesidades de otro ser, hay una criatura que hace ruido y te demanda cosas. Existe, en fin, una interacción, un intercambio de calor y afecto esenciales que te excluye de una definición exacta de soledad. Muchos ...
se mostraron de acuerdo en los comentarios y añadieron que sus animales formaban parte de la familia, cosa que irritó a un par de personas, que dijeron que la familia no incluía bichos peludos. Yo, en cambio, creo que sí; en primer lugar, pienso que un perro no sustituye a un hijo ni a ningún otro individuo, sino que te aporta cosas (sanadoras y maravillosas) que solo puede darte la relación con un animal no humano; y, por añadidura, creo que las familias interespecies han existido desde siempre. Dile al troglodita que ese perro al que enterraba junto a los cadáveres de sus seres queridos no formaba parte de su núcleo básico de convivencia. Pero perdonadme la digresión, porque no era de esto de lo que quería hablar (lo que pasa es que con el tema de los animales me despendolo).






