Si la oficina es el lugar en el que con más frecuencia surgen amistades, las personas que teletrabajan, especialmente los ‘freelance’, son las más vulnerables al aislamiento, con todo lo que este supone para su bienestar

En su texto Escribir es dejar de ser escritor, Enrique Vila-Matas cuenta que eligió su profesión porque quería ser libre y no deseaba ir a ninguna oficina cada mañana. Cuando tomó aquella decisión, lo hizo sin saber que acabaría viviendo “como un topo en unas galerías interiores trabajando día y noche”. En entre...

vistas y memorias, muchos novelistas confiesan que, vocación aparte, lo que más deseaban cuando empezaron a escribir era esquivar el frío de la calle, quedándose en casa durante esas mañanas laborables que concentran los desplazamientos y las rutinas de la mayoría de los empleados. Poco después, se dieron cuenta de que “decir autor disciplinado es una redundancia”, como suele señalar Juan José Millás, porque la literatura exige muchas horas de concentración cada día.

Pero no se trata solo de escritores o artistas más o menos célebres cuyas rutinas de trabajo —como todo lo que los rodea— son objeto de escrutinio. Según los datos disponibles, en España, alrededor de la mitad de autónomos trabaja desde casa, y eso incluye a periodistas, asesores fiscales, publicistas, abogados, profesores, ilustradores… que, en el mejor de los casos, disponen de un despacho en su vivienda —la célebre “habitación propia”— y, en el peor, apenas han podido encajar un escritorio en su dormitorio.