António José Seguro, favorito en las encuestas, ha recibido apoyos a derecha e izquierda para frenar el populismo. La votación se ha aplazado en tres localidades por las inundaciones
Los portugueses votan este domingo angustiados después de sufrir una cadena de temporales que han destrozado miles de casas, fábricas, cosechas y han costado 13 vidas. El Duero se ha desbordado en Oporto y Gaia. El Tajo es una amenaza para las localidades ribereñas, al sur de Lisboa. En algunas zon...
as el viento fue un huracán de más de 200 kilómetros por hora. En otras llevan días desplazándose en zódiac por las calles. La desolación es mayúscula en 68 municipios y, en tres de ellos, han decidido aplazar una semana las elecciones para designar al próximo jefe del Estado porque carecen de condiciones mínimas para organizarlas, aunque la medida no retrasará el escrutinio en el resto del país. Nunca una votación para elegir al presidente de la República se había celebrado con semejante escenario calamitoso.
Esta meteorología apocalíptica se ha apropiado de actos y discursos de campaña. Y nadie sabe cómo influirá en las urnas, donde se enfrentan el socialista António José Seguro, que ganó la primera vuelta con el 31% de los votos, y el populista André Ventura, que recibió el 23%. Una votación que, por sí sola y sin tren de borrascas, ya tenía elementos suficientes para ser considerada histórica por el embate entre un candidato moderado y otro que quiere dar “un puñetazo” al sistema democrático surgido tras la Revolución de los Claveles de 1974. Seguro se presenta como el presidente de todos y ha apelado incluso al voto del electorado de Chega (“entiendo su enfado”), mientras Ventura incentiva el odio contra ciertos colectivos. “Los gitanos tienen que cumplir la ley”, fue un lema de sus carteles electorales en la primera vuelta hasta que un juzgado le obligó a retirarlos por discriminatorios.
















