El mundo del vino tiene mucho de viaje y exploración. ¿Por qué no dedicar este año a descubrir nuevos sabores y estilos?
Una de las cosas que más reconfortan —y, en ocasiones, frustran— a los amantes del vino es que es una afición para toda la vida. Es imposible conocer, probar y, desde luego, recorrer todas las regiones de un universo vinícola en expansión constante. La vid ha llegado en los últimos tiempos a lugares tan insospechados como Noruega o las laderas del Himalaya por o...
bra y gracia de un cambio climático que también ha propiciado, por ejemplo, el desarrollo de una floreciente industria de vinos espumosos en Gran Bretaña.
No hace falta ir tan lejos. Conocer todo lo que se mueve actualmente en el mundo del vino de calidad en España es un reto mayúsculo. Aunque unos pocos nombres (Rioja, Ribera del Duero, Cava, Rueda o Rías Baixas) sigan dominando la agenda de los consumidores, las últimas décadas han propiciado la aparición de proyectos valientes en numerosos rincones de la geografía española. En muchos casos se busca retomar una tradición casi olvidada o incluso perdida, a menudo avalada por el trabajo con variedades de uva recuperadas.
Una de las ventajas de los proyectos incipientes y de las zonas menos conocidas es que los precios resultan más asequibles, aunque disten también de ser gangas. Los costes de una bodega de escala humana que presta gran atención a la viña, practica un cultivo respetuoso o ecológico y pone la calidad en primer lugar no puede competir con el grueso del lineal del supermercado. Si se excluyen los vinos jóvenes, no hay tantas referencias de menos de 10 euros en este segmento. En cambio, la horquilla que va de los 11 a los 22 euros, con algún salto ocasional hasta los 30 (hay que pensar también en las celebraciones especiales), puede deparar sorpresas de lo más agradables.






