Detrás de los primeros vinos de esta difícil añada que empiezan a llegar al mercado, se esconden alegrías, penas, trabajo y una climatología imprevisible
El dicho de que nunca llueve a gusto de todos vale el doble para quienes se dedican a la agricultura. A la gente del vino le preocupa cada vez más cuándo y cómo llueve. La cosecha de 2025 marcó un cambio de ciclo en el Mediterráneo tras tres años de sequía que no solo provocó la caída de la producción, sino que llegó a amenazar la supervivencia de las plantas....
Las lluvias hicieron acto de presencia al terminar la vendimia 2024, en algunos casos de forma desmedida, y fueron también generosas durante la primavera siguiente en la mayor parte de la Península, generando buenas reservas de agua en el suelo.
Pero la humedad también tiene su cruz. Favorece el desarrollo de hongos como el mildiu, que ese año tuvo una gran incidencia en zonas tan distantes como Bierzo, Jerez o Rioja. Algunas propiedades importantes de esta última región que trabajan en ecológico han reconocido pérdidas superiores al 50%. Rioja sufrió además algunos episodios importantes de granizo, mientras que la ola de calor de agosto fue la puntilla. En medio de una crisis de ventas que afecta sobre todo a los tintos, nadie quería una cosecha abundante, pero tampoco esta debacle.






