Una nueva generación de enólogos y viticultores lidera un movimiento de recuperación de variedades autóctonas con el objetivo de preservar la identidad del viñedo gallego
En Galicia se están redescubriendo las bondades del viñedo viejo —pero sano— de variedades tintas autóctonas, con producciones pequeñas de uvas de excepcional complejidad cuando las condiciones climáticas y la sanidad de la cosecha lo permiten. Se trata de variedades minoritarias, en algunos casos residuales y cultivadas en microparcelas, que atesoran un potencial enológico aún por explorar. Hablo de brancellao, merenzao (bastardo), tinta amarela (la tempranillo gallega), carabuñeira, caíño da terra, caíño bravo, ferrol, sousón, espadeiro, tinto serodio, pedral, araúxa, scorbillón, caíño longo y caíño redondo. Y, por supuesto,
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sivo-vino-que-tomaban-los-monjes-seis-mencias-de-la-ribeira-sacra.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/gastronomia/beber/2024-09-28/el-exclusivo-vino-que-tomaban-los-monjes-seis-mencias-de-la-ribeira-sacra.html" data-link-track-dtm="">la prestigiosa mencía, que en la Ribeira Sacra tapiza los evocadores valles salpicados de restos románicos del Miño y Sil. Tintos que, hasta ahora, han vivido a la sombra de los grandes blancos gallegos de albariño, godello o treixadura, altamente valorados en el mercado internacional.






