“He visto viñedos completamente arrasados. No es que arda en sí la cepa, pero el calor lo devora todo: quema las hojas, la vegetación, y la uva se muere”. Quien habla es Ernesto Rodríguez, viticultor y bodeguero en la Denominación de Origen Monterrei, en el sur de la provincia de Ourense. Propietario de las marcas Father 1943 y Crego e Monaguillo, Rodríguez compra uva a 130 pequeños productores de los alrededores, y conoce bien el esfuerzo que hay detrás de cada parcela. “Lo que más me duele son mis viticultores, ver a gente que apuesta por el rural, con todas las dificultades que eso implica, y verla llorar como niños, es duro de verdad”.
El fuego, que ha afectado a municipios como Oímbra, Laza o Verín, ha dejado daños en las dos variedades principales de la comarca: godello y mencía. Según explica, las altas temperaturas, sumadas a la proximidad de masas forestales, son letales: “Cuando el calor se acerca a cincuenta metros, la uva se cuece, como si la pusieras al fuego. Y si son viñas jóvenes, el daño es incalculable, porque hay que arrancar y volver a plantar”. En aldeas como As Chás y O Rosal, en Oímbra, además de viñedos, han ardido castaños, robles, olivos, almendros y pastos recién cosechados para el ganado.









