El problema al que nos enfrentamos estriba una vez más en una versión de la vieja pregunta de cómo comunicamos Europa

Son muchas las razones por las que el acuerdo UE-Mercosur supondrá un beneficio neto y tangible para los europeos. Baste mencionar que consolidará un mercado para los sectores primario, industrial y servicios de la economía europea en un momento en el que el brutal escenario geopolítico impone a la UE la necesidad vital de diversificar su política de alianzas comerciales....

En este sentido, uno no puede más que lamentar la decisión del último pleno del Parlamento Europeo de referir el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE, lo que en la práctica podría retrasar la ratificación del tratado un año y medio o dos años. Su aplicación provisional llegaría mucho antes si la Comisión decide utilizar la autorización otorgada por el Consejo cuando aprobó la firma del Tratado el pasado nueve de enero.

La exigua mayoría de 10 votos que propició el bloqueo nos trae al sistema político de la Unión un ejemplo claro de filibusterismo parlamentario que casa poco con la tradición europea. Esta sí que es una importación no deseada aunque muy significativa, pues apunta a las corrientes subterráneas que nos han traído hasta aquí.