El aplazamiento del acuerdo comercial con Mercosur es un negocio ruinoso en sí para la UE
El aplazamiento del acuerdo comercial Unión Europea (UE)-Mercosur por el Parlamento Europeo (por 10 votos de diferencia) abre un vacío dramático para Europa.
Si la Comisión pasa por encima y decide aplicarlo provisionalmente desde ya —para lo que dispone de competencia— superará ese agujero, pero se arriesga a abrir un conflicto institucional.
En caso contrario, la petición parlamentaria al Tribunal de Justicia (TJUE) para que examine el texto, lo congela un año y medio o dos. Y en modo torticero, pues ese es su objetivo, apelando a un truco procesal: casos anteriores similares ya han sido validados por la Corte (Singapur, en 2017). En ese escenario el drama resulta, desde la óptica geoeconómica, triple.
Uno, facilita a Estados Unidos un salto sin cortapisas hacia una hegemonía incontestada en toda Latinoamérica (LatAm), aplicando la doctrina colonial del “patio trasero” de James Monroe. Dos, en su defecto, empuja a China para disputar allí las posiciones europeas (los tres actores se disputan la primacía). Y tres, debilita su credibilidad para negociar el tratado comercial en embrión con India, un espacio con 1.400 millones de habitantes, cinco veces más que Mercosur: la contraparte se dirá que si la UE es incapaz de ratificar lo acordado, ahorremos esfuerzos.










