Las 12 redes españolas arrastran un déficit de inversiones pese a concentrar el 82% de los usuarios de tren. Varias comunidades aspiran a gestionar el servicio para frenar el cúmulo de retrasos e incidencias

Barcelona se levantó el pasado 21 de enero con un apagón ferroviario. Por su extensa red de más de 1.100 kilómetros no pasaba ni un solo tren. Un accidente en Gelida (Barcelona) la noche anterior que supuso la muerte de un maquinista y varios desprendimientos en la línea de la costa por el temporal llevaron a la parálisis de todo el servicio, dejando a un...

os 400.000 usuarios diarios afectados. Diez días después, la circulación no se ha recuperado aún por completo: siguen las incidencias, los trenes circulan a baja velocidad en algunos puntos y a otros directamente no llegan a su destino.

La crisis en Cataluña no solo reabre el debate sobre la insuficiencia crónica de inversiones en la red de proximidad catalana, sino también en los otros 11 sistemas de Cercanías restantes, donde se repiten los mismos problemas: estaciones antiguas, vagones envejecidos, retrasos continuos… La satisfacción con ese servicio en solo dos años se ha desplomado del 83% al 63%, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), lastrado sobre todo por el hundimiento de la puntualidad y la fiabilidad, las dos principales necesidades de cualquier trabajador que deba desplazarse a diario.