Las inversiones para revertir la quiebra del sistema supondrán retrasos, incidencias y más molestias para el usuario. Los expertos reclaman más gasto en mantenimiento y una auditoría de la red
Miles de ciudadanos llevan ya tres semanas armándose de paciencia para acudir a su puesto de trabajo cada mañana, ir a una reunión a Madrid o Barcelona, o sacar adelante la producción de su fábrica. Los accidentes ferroviarios de Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona), que dejaron 47 víctimas mortales y más de 150 heridos, constituyen ya un ante...
s y un después para el transporte ferroviario de España. El Ministerio de Transportes está dispuesto a revisar el modelo de mantenimiento de las vías de alta velocidad, confiado en gran parte a constructoras privadas, y da pasos para reforzar la seguridad en Rodalies.
En los próximos años, debe renovarse medio millar de trenes, que llegan con retraso a manos de Renfe, y arrancar obras de calado, entre ellas, la remodelación de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona y el despliegue de 8.000 millones en las cercanías catalanas hasta 2030, para las cuales se ha previsto ahora duplicar el gasto en mantenimiento. Se viven semanas de colapso, pero el sistema ferroviario se adentra en un periodo crítico que podría llegar más allá de 2030. Hacer reformas mientras se mantiene el tráfico supondrá, de entrada, prolongar a los próximos años el estrés que sufren las operadoras, el gestor de la infraestructura Adif y, sobre todo, millones de viajeros. Habrá regulaciones de tráfico, limitaciones de velocidad e incidencias, al margen del creciente impacto del cambio climático en la infraestructura. Es lo que vienen sufriendo desde hace semanas los usuarios de Rodalies, de la línea que une Madrid y Barcelona, o de las redes en Andalucía.






