En EE UU se están invirtiendo cifras astronómicas, pero un viento inesperado sopla a favor de Europa, con mucho talento europeo que se marchó a Silicon Valley regresando

Europa ha perdido la carrera de la IA, pero aún puede situarse en el grupo de cabeza de la próxima tecnología del futuro: la computación cuántica. La Comisión Europea comenzó en 2018 a invertir 1.000 millones de euros en centros, laboratorios y redes cuánticas que conforman hoy uno de los ecosistemas más avanzados del mundo. La aplicación cuántica comercial no llegará hasta finales de esta década y este es el momento en el que la inversión puede evitar que el continente pierda otro tren.

La computación cuántica es una forma de procesar información que, en lugar de resolver problemas paso a paso, analiza millones de soluciones al mismo tiempo. En una computadora clásica la información se guarda en bits —0 o 1—, mientras que las computadoras cuánticas usan cúbits, que pueden ser 0 y 1 a la vez gracias a la superposición.

La cuántica permitirá resolver problemas que la computación clásica afrontaría solo con fuerza bruta, con plazos de décadas y un consumo energético inviable. Aunque la teoría está bien asentada y el software puede desarrollarse, aún no se han construido máquinas capaces de ejecutar esos procesos complejos.