El investigador español, pionero de la computación cuántica, habla sobre los desafíos pendientes de esta tecnología y el papel de Europa en esta revolución
En 1997, cuando Juan Ignacio Cirac era aún un joven investigador, trabajó en la publicación de un artículo científico sobre computación cuántica. Pero cuando vio que se iba a titular Tecnología cuántica, ¿sueño o pesadilla?, declinó participar porque esa investigación aseguraba que construir un ordenador cuántico era “imposible”. Casi 30 años después, y con miles de millones invertidos en hacer esa “pesadilla” realidad, el investigador reflexiona: “Como científicos, no podemos decir que algo es imposible”....
Nacido en Manresa hace 60 años, Cirac dirige desde 2001 la División Teórica del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en Alemania, y es uno de los investigadores más influyentes de su generación: sus trabajos han sido citados más de 146.000 veces, ha recibido decenas de premios (como el Príncipe de Asturias de Investigación, en 2006, y el Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, en 2009) y figura habitualmente en las quinielas del Nobel de Física. En los años noventa, junto a su colega Peter Zoller, desarrolló las primeras propuestas teóricas viables para construir ordenadores cuánticos. Hoy, mientras empresas como Google e IBM empiezan a hacer realidad aquellas ideas, Cirac trabaja en las redes de tensores, herramientas matemáticas que podrían ser claves para que los ordenadores cuánticos sean escalables.






