El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, en una imagen de archivo. EFE/EPA/Oficina del líder supremo
Jaime León |
Teherán, 29 ene (EFE).- El líder supremo de Irán, Ali Jameneí, debe decidir si bebe el “cáliz envenenado” y acepta las demandas del presidente estadounidense Donald Trump o si hace frente a una eventual intervención militar, en el que es, quizás, uno de los momentos más difíciles de la República Islámica.
La expresión “beber un cáliz envenenado” se remonta a 1988 cuando el fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní, aceptó a regañadientes un alto el fuego de la ONU para poner fin a la guerra con Irak afirmando que no tenía más elección que beber ese veneno.
Ahora, Jameneí, de 86 años y 36 de ellos en el poder, se enfrenta a una disyuntiva aún mayor con el portaaviones estadounidense Abraham Lincoln y su grupo de escolta compuesto por tres destructores cerca de aguas iraníes y, sobre todo, las amenazas de Trump.









