Los gobiernos de Israel y Estados Unidos intensifican las amenazas y los mensajes en los que advierten de la supuesta vulnerabilidad del líder supremo iraní, Ali Jameneí. El presidente Donald Trump ha afirmado que no lo van a matar “por ahora”, pero le pide que se rinda mientras afloran las señales de una posible participación directa de Washington en la escalada. Ja...
meneí, a través de un mensaje leído en televisión, ha respondido que eso no va a suceder y, además, advierte de las “graves e irreparables consecuencias” que tendría el hecho de que EE UU se uniera a los bombardeos.
Rusia, que ya se ha ofrecido como país mediador, no ha tardado en tratar de persuadir a Trump y le ha advertido de que un respaldo directo de Washington a la ofensiva israelí en Irán desestabilizaría más la región de Oriente Próximo, según el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov. El Gobierno israelí, por su parte, deja entrever que no espera tanto un cambio de régimen a la fuerza, sino que este caiga como consecuencia de la situación generada por la guerra.
La estrategia de presión sobre Jameneí y su entorno, pese a toda la información sobre el paradero y los movimientos que ambos países puedan disponer del líder supremo iraní, permanece en un segundo plano frente a los ataques del ejército israelí. Sus tropas han seguido golpeando en las últimas horas instalaciones nucleares y militares a lo largo y ancho de la República Islámica. Esa, por ahora, parece su prioridad, aunque parte importante de la ofensiva están siendo también los asesinatos selectivos de altos mandos de la seguridad y de científicos nucleares.







