A tres puntos del descenso y con solo un punto en los últimos cinco partidos de Liga, el equipo de Valverde recibe al Sporting de Portugal en un duelo vital para su estabilidad deportiva y emocional

El Athletic Club vive uno de los tramos más complicados de los últimos años. La situación clasificatoria en la Liga es tan clara como preocupante: el equipo rojiblanco se encuentra a solo tres puntos de los puestos de descenso después de haber sumado únicamente un punto de los últimos quince posibles en Liga. Una racha que ha encendido todas las alarmas en Bilbao y que confirma que el problema va mucho más allá de una mala serie de resultados. La crisis se refleja, sobre todo, en un juego que ha perdido fluidez, contundencia y personalidad.

El contraste con el pasado reciente es evidente. El Athletic venía de firmar dos temporadas históricas, coronadas con la conquista de la Copa del Rey y la posterior clasificación para la Champions League, logros que parecían consolidar un proyecto sólido, reconocible y ambicioso. Aquel equipo transmitía fiabilidad, competía con una identidad muy marcada y era capaz de imponerse tanto desde la intensidad como desde el convencimiento colectivo. Sin embargo, ese impulso se ha ido diluyendo con el paso de los meses y el equipo ha entrado en una dinámica descendente difícil de frenar.