El autor catalán abandona la ficción con ‘Reliquia’, un libro autobiográfico centrado en el suicidio de su padre y atravesado por las muertes de varios escritores ilustres
Una década después del suicidio de su padre, fallecido a los 44 años, Pol Guasch (Tarragona, 1997) intenta poner palabras al vacío que dejó en un nuevo libro, Reliquia (Anagrama, en catalán y en castellano, con traducción de Unai Velasco), que se publica este miércoles. El autor, prodigio de las letras catalanas desde su debut a los 24 años, cuando irrumpió con una voz rara, lírica y poderosa, afronta ahora el reto de escribir sobre su vida. En el libro, la escritura se atasca, vacila, no siempre consuela. Eso lo lleva a buscar aire fuera del relato familiar. Recorre las vidas de escritores que también eligieron el suicidio y sus notas finales, como si esa constelación de últimas frases lo ayudara a entender aquello que la autopsia de su padre, tecleada en una tipografía tan absurda como la famosa Comic Sans, no consigue explicar. El resultado es un libro conmovedor, que es a la vez elegía e intento de reconstrucción.
Después de Napalm en el corazón y En las manos, el paraíso quema, dos novelas donde la intimidad servía de frágil refugio en mundos devastados, Guasch cambia por primera vez la protección que le aportaba la ficción por la intemperie de la autobiografía. Una reliquia, dice el diccionario, es una parte del cuerpo de un santo o el objeto que lo ha tocado y merece veneración. También es el vestigio de aquello que se ha perdido. Lo entrevistamos a comienzos de enero, en el bar de un hotel pegado al Palau Robert, en Barcelona.






