Comida que desaparece o restos que no lo hacen, negacionistas del vaciado del lavavajillas y los que dejan yogures a medio comer en el frigo: repasamos las actitudes domésticas que dinamitan la convivencia
Convivir con otros seres humanos bajo el mismo techo no es fácil, y la cocina es propensa a inflamar disputas. Munición nunca le falta, pues en la nevera, despensa, fogones y hasta el fregadero o los armarios siempre hay algún conflicto latente esperando. Parejas, hijos o compañeros en un piso de estudiantes: ya sabías que la perfección no existía; lo que no te olías es que, en la cocina, las imperfecciones de tus seres “queridos” se amplificarían tanto. Cosas de casa.
En la nevera de una familia con hijos impera una anarquía salvaje; la propiedad privada y la autoridad desaparecen por completo. Bakunin se orinaría encima.
Tanto da si te has comprado una tarta de queso para disfrutarla contigo mismo después de cenar. Da igual que le pongas un post-it, amenazando de muerte a quien ose profanarla: seguro que alguien meterá la zarpa sin pedir permiso y te entrarán ganas de asesinar unicornios. En esta tesitura, lácteos y embutidos suelen convertirse en el patio de recreo de los saqueadores. Son los termómetros del caos de los hogares españoles, y por mucho que los guardes dentro un cofre bajo llave en lo más recóndito de la nevera, tu pareja y tus vástagos olerán el botín y encontrarán la manera de forzar la cerradura.






