Con el caos en Rodalies, las redes se quedan sin su culpable predilecto
Hay quien pasa toda una vida periodística anhelando usar un aforismo célebre. No sería mi caso, pero admito que provoca cierta satisfacción titular un artículo con un juego de palabras que evoca al prestigioso periodismo económico: “¡Es la economía, estúpido!”. No me atrevo a buscar en la hemeroteca la de veces que alguien ha sentido el mismo cosquilleo creyéndose especial. ...
Cosas del oficio aparte, en este caso la reconversión en titular de la manida frase viene a cuento por el desastre en Rodalies. Quien no viva en Cataluña, difícilmente se hará cargo del desamparo en el que viven estos días centenares de miles de trabajadores que necesitan del transporte público para salir adelante. Algo teóricamente tan sencillo como viajar de Malgrat de Mar a Barcelona, a 63 kilómetros, es una odisea. Cada mañana surge la incerteza de si hay tren. Y si lo hay, no se sabe hasta cuándo funciona, ni con qué horario. Y si no, a ver cómo tira el bus y con qué frecuencia circula.
Algunos se lo toman con filosofía. “¿El Rodalies de Schrödinger ya se ha dicho?”, bromea una usuaria de X. El resto del repaso rápido a la red social deja una retahíla de quejas agrias y amargas que podrían resumirse en dos ideas troncales: la red ferroviaria funcionaría mejor si la gestionase Cataluña o, directamente, lo que necesita Cataluña es la independencia. Aunque lo más triste, como escribe otro de los tuiteros anónimos, es que “con todo este desaguisado de Rodalies habrá gente que perderá el trabajo”.






