Cada mañana, al leer las noticias, asigno el premio al titular Forges del día. Me explico: cosas que antes serían un chiste de Forges ahora son titulares que van en serio. Antes eran perlas recónditas, pero ya te los encuentras enseguida, pasan por noticias normales. Este año ya he dado el premio de 2025 al caracol Ned. ¿Cómo, no saben quién es? No siguen ustedes la actualidad. Una señora de Nueva Zelanda (sí, las antípodas) se topó con un caracol sorprendente: tenía la espiral de la caracola al revés, hacia la izquierda, lo contrario a lo habitual (uno de cada 40.000, ese es el dato). Pero esta peculiaridad tenía trágicas consecuencias para el caracol Ned: no puede reproducirse porque, no me hagan explicárselo, esto le impide tener relaciones sexuales satisfactorias, y eso que los caracoles son hermafroditas y le dan a todo. “El amor imposible de Ned, el caracol zurdo”, “La triste historia de Ned”, etcétera, todo esto en diarios serios, prensa internacional. La historia lo tiene todo —sexo, minorías, animalitos, cuernos—, uno empatiza, no cabe duda. Pero, sobre todo, creo yo, el caracol Ned es una metáfora de lo que nos pasa. Porque imaginemos que se pudiera entrevistar al caracol Ned, cosa que sin duda se haría si fuera posible. Yo me lo imagino así: