Un amigo que escribe columnas, llamémosle Perico el de los Palotes, hizo ante mí un experimento. Le dijo a ChatGPT: escribe un artículo de opinión sobre este tema, de tantas palabras, al estilo de Perico el de los Palotes (o sea, él mismo). En dos segundos, dos, salió un artículo que podía haber escrito él. Con su estilo, sus ideas, sus muletillas, sus despropósitos. Terrorífico. Me lo mostró como una especie de Frankenstein, como si luego fuera sencillo volverlo a dormir. Pero estaba claro que nada volvería a ser igual ante el reto más temible para un ser humano: resistir la tentación de trabajar lo menos posible. Lo difícil ya estaba hecho, crear el autor real (el auténtico Perico el de los Palotes), con seguidores y tal, con un fondo de armario de años de artículos donde la inteligencia artificial puede inspirarse. Luego, todo es dar el fatídico paso hacia la subcontratación de la personalidad. Supongo que un día no se te ocurre nada y lo puedes hacer por probar, como un juego. Total, podrías haberlo escrito tú, y quizá el programa hasta lo hace mejor, tiene más gracia, y en realidad, te dices, tú eres el dueño del personaje real. Es más, si no sabes qué pensar de un asunto le puedes preguntar y te lo dice: según tu trayectoria, lo listo que te crees y donde trabajas, tú deberías pensar tal y tal.