La expulsión del embajador español es el último episodio de un progresivo encierro internacional de la dictadura de Ortega y Murillo
La expulsión del embajador español en Managua por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y la acertada respuesta recíproca del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, al expulsar al embajador nicaragüense de Madrid, trasciende la polémica diplomática. Es el síntoma de una dictadura, la del matrimonio Ortega-Murillo, que ha deci...
dido romper los pocos puentes que aún quedaban con la comunidad internacional, consagrando un aislamiento que tendrá más costos políticos, económicos y humanos para Nicaragua y su gente.
La medida contra España se dio sin una justificación pública clara por parte de Managua. Este tipo de decisiones arbitrarias, que rompen con las prácticas diplomáticas elementales, encajan en el patrón que Ortega y su círculo de poder han venido consolidando durante más de una década: desdén por las normas internacionales, desconfianza hacia los mecanismos multilaterales y una defensa a ultranza de su propio poder.
Desde 2018, el régimen nicaragüense ha expulsado a representantes de la UE y El Vaticano, entre otros, y ha negado plácet a enviados de Estados Unidos. También ha expulsado a organismos como la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Este desfile de salidas forzadas ilustra un cálculo claro: Ortega rechaza someterse a escrutinios externos que lo incomoden o lo condenen.







