El régimen copresidencial ha liberado a más de 53.000 reos bajo la etiqueta de “convivencia familiar”. Los analistas alertan de que esta tendencia refuerza el control político del régimen

Tres meses y once días después de haber sido indultado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, José Francisco Salgado llegó a la casa de su tía María Torrez Salgado, una anciana de 81 años, para asesinarla. Fue el sábado 27 de enero de 2024, a la seis de la mañana, cuando el convicto beneficiado con el régimen de “convivencia familiar” asfixiar a la víctima hasta dejarla inconsciente… Para perpetrar el crimen le amarró una soga y la apretó hasta el fondo. Luego huyó, robándose un televisor y un celular.

Salgado es uno de los 53.164 reos comunes puestos en libertad por el régimen copresidencial en la última década, en especial en los últimos años, cuando estas excarcelaciones han estado teñidas de propaganda sandinista, que las cataloga como “gestos de paz y bien”, pensados “en la unidad familiar”. “Las personas tienen derecho a oportunidades”, dijo la ministra del Interior, María Amelia Coronel Kinloch, el pasado 1 de noviembre, cuando fueron liberados mil reos comunes.

Los mil reos comunes alzaron sus actas de liberación con júbilo. Se tomaron fotos y agradecieron a los copresidentes Ortega y Murillo. Este grupo no ha sido ni el único ni el primero. Lo que va de 2025, 8.400 reos comunes han sido beneficiados con este “régimen de convivencia familiar”. Entre ellos figuran delincuentes de toda índole, desde atracadores hasta feminicidas que no llegaron a cumplir sus condenas. El caso más claro es el de Salgado, quien ni siquiera había cumplido el 50% de su pena por robo de motocicletas cuando fue indultado.