El régimen entra en pánico y declara “alerta máxima” ante su aparataje político, con una vigilancia total en redes sociales y arrestos a voces críticas
La paranoia de Daniel Ortega y Rosario Murillo se ha disparado en Nicaragua después de un largo silencio de 14 horas tras el derrocamiento de Nicolás Maduro la madrugada del 3 de enero. El régimen se había limitado a publicar tres comunicados tibios, pero ha reaccionado con nerviosismo, en parte, por las advertencias lanzadas desde Washington por el entorno del presidente Donald Trump, como la del senador Rick Scott, quien aseguró que Cuba y Nicaragua también “serán arregladas”. Los copresidentes han respondido declarando “alerta máxima” ante su aparataje político y dispusieron redoblar el estado policial en el país centroamericano, vigilancia total en los barrios, control de redes sociales y más de una decena denuncias de arrestos de personas que celebraron la caída de Maduro.
Jairo, un trabajador de una institución pública que pide no ser identificado, relató a EL PAÍS que los Consejos de Liderazgos Sandinistas (CLS) —una especie de brazo político partidario en el aparato del Estado— les ordenaron publicar en redes todo el contenido que emiten los órganos de propaganda. Básicamente, el mensaje es que Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron secuestrados y que la incursión armada ordenada por Trump es una violación a la soberanía venezolana. La consigna que se ha popularizado en la campaña oficialista, y dirigida a los nicaragüenses, es que “dudar es traición”.









