La pareja presidencial de Managua ha tenido una reacción cauta tras el ataque de EE UU a Venezuela. Washington también ha señalado a la nación centroamericana como país de tránsito del narcotráfico

La captura y el derrocamiento de Nicolás Maduro a punta de bombas en la madrugada del 3 de enero en Caracas tuvo un efecto inmediato en Managua, justo en el Reparto El Carmen, donde viven y despachan Daniel Ortega y Rosario Murillo, en un fortín urbano vigilado por policías y soldados. Los copresidentes enmudecieron durante casi 14 horas tras el ataque ordenado por el presidente Donald Trump y, cuando finalmente reaccionaron, lo hicieron de manera inusualmente cauta, sin las altisonancias de los comunicados sandinistas que suelen acribillar con adjetivos peyorativos al que suelen denominar “yankee invasor”. Tampoco mencionaron al mandatario republicano por su nombre en el comunicado que esta vez estuvo firmado por el “Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional”, y no por la pareja gobernante, como suele ser la norma en asuntos de trascendencia para ellos.

“Acompañamos de corazón, el llamado de la vicepresidenta de Venezuela, compañera Delcy Rodríguez, a defender la Verdad, la Justicia y la Vida, y a exigir la liberación inmediata del Presidente, compañero Nicolás Maduro y de la compañera Cilia Flores”, reza la primera comunicación oficial. Después de este, se vio un reforzamiento policial del complejo El Carmen, según fuentes sandinistas consultadas por EL PAÍS.