Pese a la aprobación de la Federación Internacional, los cuatro grandes rechazan el uso de la pulsera inteligente para monitorizar datos de rendimiento y recuperación

Le sucedió primero a la número uno del mundo, Aryna Sabalenka. Después, a Carlos Alcaraz. Y ahora, en tercera instancia, el que recibe la orden del árbitro antes del inicio del partido es Jannik Sinner: brazaletes fuera. “Las reglas son las reglas, no volveré a utilizarlo”, dice el número dos del mundo, clasificado para los cuartos de final del Open de Au...

stralia tras batir a su compatriota Luciano Darderi por 6-1, 6-3 y 7-6(2), en 2h 09m. Pillo él, portándolo pese a estar sobre aviso: “El árbitro me ha preguntado si [lo que llevaba oculto bajo la muñequera] era el rastreador [la pulsera Whoop]. Dije que sí y me pidió que me lo quitara. Está bien, no hay problema. Ok”.

La ciencia, la tecnología y los análisis de datos han ido apoderándose del deporte, rodeado hoy día de cifras y más cifras, de mediciones y métricas por todos lados. Tecnificación o nada. Todo se prevé, todo se estudia. “Hay un afán por controlar la más mínima incidencia”, opina y plasma Toni Nadal. Los hay, sin embargo, quienes tienen una perspectiva radicalmente distinta y piensan que el tenis ha ido quedándose rezagado en ese sentido. Alcaraz y su equipo, en cambio, rastrean y recurren a cuanto pueda resultar interesante desde el punto de vista del rendimiento, la gestión de las cargas y la recuperación.