Uno de los grandes problemas de las democracias deriva de que todo gasto público debe pasar por el filtro de su rentabilidad política

He empezado esta columna sobre el accidente de Adamuz en un tren. No es tanta casualidad; ya saben que es la forma más natural de movernos por este despoblado país de grandes distancias. Y la verdad es que nuestra red de alta velocidad es admirable. Bueno, lo era. Llevábamos ya algunos años con grandes retrasos y algunas estaciones, sobre todo las de Madrid y Barcelona, resultan de una incomodidad supina; sin apenas asientos, hay que esperar siempre de pie, las masas se agolpan sobre las puertas, y como se quiera consumir algo se está condenado a hacer largas colas soviéticas. Eso sí, los billetes se fueron haciendo cada vez más asequibles, así que tampoco era cuestión de protestar. La liberalización de la red ferroviaria provocó la ryanairficación de la alta velocidad: mejores precios, pero más cutrería, la ley de hierro del consumo de masas.

Lo que ignorábamos era que ese principio también pudiera afectar a la seguridad, y eso ya son palabras mayores. Desde el principio se nos dijo que la alta velocidad solo es posible mediante un exquisito cuidado de las vías, y al parecer es esto, una vía con deficiencias, lo que provocó el accidente. Por lo visto, hacía tiempo ya que los maquinistas venían denunciando el defectuoso estado de estas infraestructuras. No se entiende por qué no se aumentó entonces la inversión, o a partir del momento en el que se disparó el número de trenes. Mi hipótesis es que se trata de un tipo de inversión imprescindible, pero con nula repercusión política; es decir, el gobernante cree extraer más beneficios de anunciar la ampliación de la red o que en una determinada ruta se alcancen los 350 kilómetros por hora, como señaló hace poco el ministro Puente, que trasladar una gran cantidad de recursos para algo que en el fondo es invisible; no posee ninguna trascendencia a efectos de impacto en la opinión pública. Es algo que no se puede vender porque hay que darlo por supuesto.