Aunque el usuario frecuente responde al de una persona ocupada que vive en una gran ciudad, la mayoría de la ciudadanía utiliza el servicio ferroviario con mayor o menor asiduidad
Coger el tren —ya sea de cercanías, de media o larga distancia, o de alta velocidad— es una práctica habitual para la mayoría de la población: solo en torno a una cuarta parte afirma no hacerlo nunca. Aunque el perfil del usuario frecuente responde al de una persona ocupada que vive en una gran ciudad, la inmensa mayoría de la ciudadanía utiliza el servicio ferroviario con mayor o menor asiduidad. Precisamente porque viajar en ferrocarril constituye una práctica social ampliamente extendida, las circunstancias en las que se produce su uso resultan determinantes para la calidad de vida de un gran número de personas. Para quienes utilizan a diario los servicios de cercanías, así como para quienes realizan desplazamientos recurrentes, el viaje en tren incide de forma directa en la organización del tiempo, las rutinas y el bienestar cotidiano, situándolo como un elemento central de la vida diaria.
Desde esta perspectiva, el Barómetro de febrero de 40dB. para EL PAÍS y Cadena SER ofrece una valoración más bien sombría por parte de los usuarios. La mayoría afirma haber sufrido en el último año retrasos y cancelaciones y se queja de la falta de información clara cuando se producen incidencias. Las quejas, además, varían según el tipo de servicio: los pasajeros de cercanías lamentan mayoritariamente la saturación en horas punta, mientras que los de trenes de media y larga distancia y de alta velocidad señalan el elevado precio en relación con la calidad del servicio recibido. En conjunto, la valoración del ferrocarril de cercanías es peor que la de la larga distancia y, aunque no son mayoría quienes declaran haber sufrido otros problemas —como averías, inseguridad o falta de limpieza—, en torno al 40% sí lo hace. Puede consultar todos los datos de la encuesta aquí.






