La tragedia en un tren de Rodalies revela con crudeza de qué forma el deterioro ferroviario condiciona la actividad en Barcelona
El accidente de un tren de Rodalies de la noche del martes en Gelida (Barcelona), además de provocar la muerte de un maquinista en prácticas y 37 heridos, ha revelado con toda la crudeza el intolerable deterioro de esta infraestructura tras años de desinversión y falta de mantenimiento, una situación denunciada reiteradamente por autoridades y usuarios. Un muro de contención de la autopista AP-7 se precipitó encima de la vía por la que circulaba el tren, cuya cabina quedó destrozada. La suspensión total del servicio obligada por el accidente dejó el área metropolitana de Barcelona prácticamente paralizada. Tuvo que ocurrir una desgracia así para que se viera de forma ineludible de que manera el servicio de cercanías barcelonés es una infraestructura crítica y cómo su deterioro afecta a la segunda ciudad más grande de España.
El miércoles por la noche seguían inutilizados por completo los servicios de Rodalies y Regionales sin ni siquiera un plan de transporte alternativo para las 400.000 personas que cada día utilizan estos trenes. Y por si la situación no fuera suficientemente grave se le añadió la necesidad de cortar un sentido de la autopista AP-7, la principal arteria de Cataluña, por temor a un hundimiento más grave, lo que provocó un importante caos circulatorio que puede durar días.







