La ciudad fronteriza se conmociona y se moviliza en respuesta a los tres recientes fallecimientos, uno declarado como homicidio, en Camp East Montana, la mayor cárcel migratoria del país

Este artículo fue publicado conjuntamente con Puente News Collaborative, un medio informativo bilingüe sin ánimo de lucro dedicado a la cobertura de alta calidad de la frontera entre Estados Unidos y México, y KTEP Public Radio.

El Paso, que en su día fue un punto álgido en el acalorado debate sobre los altos flujos migratorios, es ahora un centro de detenciones y deportaciones, con más instalaciones a gran escala proyectadas mientras la Administración de Donald Trump busca intensificar las deportaciones masivas.

Esta semana, el médico forense del condado de la ciudad texana dictaminó que la muerte el 3 de enero de Geraldo Lunas Campos, un migrante cubano de 55 años que se encontraba en el complejo de carpas de Camp East Montana, fue un homicidio. Un hallazgo explosivo que sin duda intensificará los llamamientos para que se cierre lo que se ha convertido en el centro de detención de migrantes más grande del país.

En total, solo en las últimas seis semanas, tres hombres han muerto en el centro privado de 1.200 millones de dólares situado en la base militar de Fort Bliss. La población media diaria a finales de noviembre era de casi 2.800 personas y es probable que ahora sea mayor, aunque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) no respondió a una solicitud sobre el número actual de personas detenidas en el campamento. Migrantes detenidos por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en todo el país son recluidos en Camp East Montana a la espera de su deportación.