Unos 2.000 vecinos acuden al pabellón municipal para acompañar a la familia y amigos de los fallecidos
Cinco miembros de la misma familia iban en el tren que sufrió el mayor golpe el pasado domingo en Adamuz (Córdoba): cuatro de ellos han sido despedidos en el funeral más trágico de los que se viven estos días. Cuatro coches fúnebres en lenta marcha, flores y globos blancos al aire dijeron adiós a Pepe Zamorano, de 43 años; su mujer, Cristina Álvarez, de 37; su hijo Pepe, de 12; y su sobrino, Félix, de 22. Solo la niña Cristina consiguió sobrevivir. Unos 2.000 vecinos del municipio onubense de Aljaraque, (y también de Punta Umbría, donde había nacido y tenía negocios la mujer), han acudido esta mañana al pabellón municipal de esta localidad de 22.505 habitantes para acompañar a los deudos en la misa funeral.
“Estamos acostumbrados a la muerte, pero no así”, se lamentaba antes de entrar en el polideportivo Manuel Domínguez, amigo del padre de la familia. También han querido asistir al sepelio los compañeros de Pepe Zamorano, el niño de 12 años. Los globos blancos que llevaban han aportado un ápice de levedad y sosiego a un ambiente tenso y tremendamente amargo. Esos globos han acompañado a los féretros que presidían el funeral y han alzado su vuelo al cielo cuando los ataúdes salían del recinto camino del cementerio. “¡Por Pepe!”, ha gritado uno de los profesores del CEIP Antonio Guerrero, donde el pequeño estudiaba, en una consigna para lanzarlos, a la que han seguido aplausos espontáneos.









