Mientras que la primera potencia se repliega, el gigante asiático dispersa su capital por el mundo, lo que provoca que el resto de países modifiquen sus relaciones económicas con ambos

La planta alemana de Ford en Colonia, inaugurada en 1931, es un símbolo de lo que parecía una era perpetua del expansionismo empresarial que definió la posición de Estados Unidos en el mundo y que hoy está en decadencia. Ford anunció en septiembre que recortaría otros 1.000 empleos en lo que ahora es una factoría de vehículos eléctricos y que reduciría la producción. E...

n una retirada estratégica de Europa, ha cesado por completo la producción en otra fábrica alemana.

A cuatro horas en coche, en Arnstadt, la situación de la planta de baterías de Contemporary Amperex Technology (CATL) es muy diferente. Con dos años de antigüedad y un valor de 2.000 millones de dólares, emplea a casi 2.000 alemanes. Es el buque insignia de la expansión china en vehículos eléctricos en Europa y más allá.

En una economía global que acaba de superar un año de aranceles y turbulencias en la cadena de suministro, las dos fábricas son claros ejemplos de cómo el mundo y los flujos de capital están cambiando en respuesta a ello. A medida que Estados Unidos intenta atraer más inversiones y producción hacia su país, China está llenando el vacío, exportando capital junto con sus productos manufacturados y sembrando las semillas de futuros empleos, productividad e innovación en el extranjero.